Experiencia hongos alucinógenos B+

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En verano de 2011 agarré mi mochila con cuatro cosas y, como siempre, me dirigí sin rumbo haciendo autostop. Una chica me dejó a 20 km de una ecoaldea de la que habló maravillas, así que al día siguiente caminé hasta allí. Coincidió que preparaban un pasacalles que se celebraba en una semana en un pueblo cercano. Me invitaron a participar; así que nos vestimos todos de salvajes, llenos de barro, cogimos los malabares, percusión y demás y fuimos. Al terminar celebramos una fiesta en un monte aledaño. Comencé a hablar con la gente y sobre todo con un chico con el que había conectado más y que no se me había despegado en los 7 días. Después de fumar bastante marihuana sacó, de un saquito que llevaba colgado, unas cuantas setas secas (de aquellas ni idea tenía de alucinógenos, nada que no fuera marihuana) y me dijo: “viajemos sin movernos a lugares maravillosos” guiñándome un ojo y ofreciéndolas. (Siempre que voy de aventura, todo sucede por algo, y siempre llega todo en el momento oportuno, y aprendí que tengo que aceptarlo pues forma parte del viaje) Agarré una y pedí que me explicara un poco de qué se trataba, a lo que él ni una pista me dio, cogió una e hizo un gesto de brindar diciendo “ Es una sorpresa, vienes o quedas?” Que graciosillo, pensé, pues por supuesto que voy, más que nada porque odio la intriga. Imité su forma lenta de masticar y comí lo mismo que él. Más tarde supe que se trataban de hongos magicos B+ y la ración fue como cuatro gramos. Me supieron a rayos, pero mi cara no mostró para nada el tormento. Estaba nerviosa, porque no sabía que vendría después, me esperaba de todo. Al rato ( poco más de media hora) una sensación de bienestar me inundó, me relajé. Miré para él y sonrió, le devolví la sonrisa pero no pude controlarla, parecía que tenía mil pájaros dentro y salían todos de golpe por mi boca en forma de risas. Qué euforia! Pronto tuve que agarrarme a él, porque notaba como si estuviera descendiendo muy rápido, sentía vértigo, alegría, locura! Al estar tan cerca de su cara me quedé maravillada con las pinturas de su cara, me parecían asombrosos los tribales, los ojos eran enormes y brillantes, no veía ni el iris de lo grandes que eran las pupilas, se me ocurrió la absurda idea de empequeñecer para meterme dentro de ellas. Ese pensamiento se disipó al instante al ver que las rastas embarradas ondulaban al son de los djembes.

Mi cara debió ser un poema, él me acarició la cabeza cariñosamente y me dijo que no me preocupara por nada, que disfrutara, que aceptara todo lo que venía, estábamos en un mundo en el que todo era posible y debía olvidar las leyes que rigen el mundo que dejábamos atrás. Sus palabras eran como un hechizo, pues de pronto sus tribales se movían pero no me sorprendía, como si siempre hubiese sido así; así que me dejé llevar, desprendiéndome de todo lo que era yo hasta aquel entonces y comencé a vivir la experiencia más maravillosa y fantasiosa de mi vida. El estar todos disfrazados de salvajes, con percusión, fuego, buen rollo, naturaleza.... me hizo creer estar en una selva, en un pasado muy lejos de lo civilizado. Veía al chico como un león ( obviamente no era la forma de un león, pero toda su energía, su actitud, hasta ciertos rasgos, indicaban que era un león) y yo me sentía tal cual una gran leona, fuerte, salvaje, sin miedo. Me entraron unas ganas locas de jugar con él, y su mirada cómplice parecía afirmar todo mi mundo imaginario, así que me lancé. Comenzamos a luchar, entre risas y gruñidos hasta quedar tendidos sin aliento. Parecía agrandarse todo el paisaje y eso me mareaba. Me giré hacia él y sin pensarlo lamí de abajo a arriba toda su cara. A él no le sorprendió, y juraría que me hablaba sin usar su voz, su mirada y gestos seguían afirmando todo lo que por mi mente pasaba. Me parecía el ser más hermoso que hubiese visto nunca, pero a la vez familiar, muy familiar, como si nos conociéramos de siempre, como si hubiésemos coincidido generación tras generación, reencarnándonos para continuar un destino que se repite y repite en esencia cambiando únicamente la forma.

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Su mirada brillaba y su sonrisa se agrandó; otra vez afirmando! (Telepatía?, pero qué pasa?) Me besó y nunca, jamás, sentí un beso como esa noche. Sentí como nos mezclábamos, cómo si nuestros “espíritus”( por llamarlo de alguna forma) jugasen de un cuerpo a otro, por momentos dentro de él, por momentos en mi cuerpo, fuera... era amor puro, inocente... Podía sentir lo que él sentía, mis caricias en su cara, las sentía yo misma. Al abrazarlo vi que tras él estaba el resto de la gente ( la tribu! Pensé. Si me pasan tantas cosas maravillosas y sorprendentes con una persona, que no puede pasar con todos ellos?!) así que fuimos hasta allí. Tocamos los djembes y parecía que estábamos envueltos en una conversación, todos, todo, tambores, palabras, risas, pisadas, chasquidos del fuego, humo, todo! Como si por unos instantes todo cuadrara para decir una misma cosa. Miraba para el chico, buscando de nuevo su afirmación. Vino hacia mi y me ayudó a levantarme, yo me puse detrás de él y le cerré los ojos, no sabía para qué, pero me parecía que cada gesto iba abriendo puertas, a otros mundos. Así que comencé a moverme con la música y con él. También cerré los ojos. Una explosión de colores me hizo separarme de él. Los colores hacía formas, yo las seguía, como si imitara sus movimientos. Las formas se simplificaron en líneas que iban a ritmo de la música. Bailé, bailaron, bailamos, todo a un mismo tiempo. Me movía de forma brusca, muy animal, como si me liberara de un montón de cuerdas que me ataban, parecía que mis movimientos fueran más amplios, libres. Abrí los ojos de nuevo y me senté, sóla. Él estaba como a cinco metros, también sólo. Me miró y miró el cielo, mi reflejo fue mirarlo también. Estuve como una hora mirando el universo, hablando con él, agradeciendo la vida, el cambio, los hechos, los encuentros, la magia... Volví junto el chico, sentí que los efectos disminuían, que volvía al mundo, como si me arrancaran las alas que permitían volar a todos los escondites del universo, sentí lástima, como si abandonara lo que es realmente mi hogar. Me abrazó y me dijo que tratara de recordar la libertad que había sentido, podía mantenerla, ahora que la había descubierto, que tuviera paciencia. Me alegró saber aquello y pude disfrutar el fin del viaje, lleno de intensas caricias; nos acariciábamos, me acariciaba a mi misma, acariciaba la tierra, las hojas, el árbol... Realmente hermoso.

El mejor de los momentos, y último, fue cuando estaba emparanoiada con las atmósferas de las alturas, me parecían diferentes realidades el estar de pie, o probando diversas alturas hasta el suelo. En cada altura notaba un cambio de frecuencia, de energía; veía de distinta manera, me apetecían hacer otras cosas. Cuando me tumbé miré la mano, y de cada dedo salían como un hilo de luz de color; el chico lo veía también, comentábamos los movimientos y realmente veíamos lo mismo, jugamos a pasarlos, a acercarlos, alejarlos... Esa fue la visual ( con ojos abiertos) más bonita .

He contado a grandes rasgos los hechos más sustanciales (el viaje duraría como unas 5 o 6 horas, más o menos), el resto del tiempo estuvo lleno de risas, embobamiento con pequeñas grandes cosas, charlas con perros por telepatía ( nunca podré saber si esto ocurrió....), muchos porros y juegos. Jamás tuve una experiencia igual, he tomado de nuevo setas, probé otras substancias psicodélicas como LSD, DMT, etc. y sí, siempre muy buenos viajes, buenas experiencias, pero no como esa primera vez. El hecho de tomar setas en la naturaleza, disfrazados de salvajes, con la gente de la ecoaldea ( de mentes tan diversas y abiertas), un ambiente de muy buen rollo, en medio de mi aventura ( influye mucho, pues sin ataduras de estudios ni trabajo, viviendo libremente sin el estilo de vida corriente, muy hippie todo...), con una persona que me acompañaba ayudándome en todo momento, y sobre todo, sin saber absolutamente nada de los efectos que producen los hongos (sumando además una gran imaginación).... hicieron que esa experiencia marcara el éxtasis de todas.

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